martes, 2 de marzo de 2021

LO QUE YO SOY ES UN VIEJO

LO QUE YO SOY ES UN VIEJO

La vio a través de la ventana en el portal de Irma.

Era menuda, delgada y esbelta como las espigas del maíz. Tenía el cabello negro y lacio, perfectamente delineado a lo largo de la espalda, espolvoreada de pequeños soles de melanina. De ojos pequeños e inquietos como colibríes, dos cuentas olivo; ojos de mirada larga donde parecían anidar las golondrinas. La boca era fina, de sonrisa fácil; la apuntalaban unos dientes medianos, infantiles. Sobre la mano un tatuaje, sobre el tatuaje un beso. Un beso suyo robado en el consultorio. Un tímido beso sobre la luna de tinta tatuada en la mano de nieve de Amaranta, la médico de familia nueva.

- Llegaron las papas al agro- Es la voz de Olga. De Olga que es redonda y humana como una naranja. Su querida Olga. La voz le llega a través del multimueble como una palabra indescifrable en un crucigrama. La Olga de 35 aniversario que viene pisando el suelo de baldosas rojas con la libreta de la bodega en la mano y lo contempla maternal a través de sus bifocales.

Amaranta tiene un arco iris sobre la cabeza. La bata de médico recién planchada la asemeja a un ángel caído en el portal de Irma, la vecina diabética. Los jeans de Amaranta son azules, desteñidos y acampanados. Un ángel en jeans, eso era aquella flor blanca en el portal de Irma.

Aprieta la libreta de la bodega entre las manos. Aprieta la libreta de la bodega como aferrándose a algo material que lo sostenga al balance. Algo material que lo proteja de la divinidad de Amaranta, de la hermosa flor celeste disfrazada de médico de familia, en cuyo pecho brilla el noble estetoscopio como una estrella en el portal de Irma.

Se levanta. Se levanta por encima de sí mismo. Se alza por encima de sus 63 años y traspasa los límites del tiempo para aparecer en el portal de Irma. Va vestido de azul. Tiene 30 años a lo sumo. Se lee una inscripción en su uniforme: ETECSA.

Besa a Amaranta, la abraza, la rapta en una motocicleta y se pierde con ella calle abajo riendo, sosteniendo el bolso de Amaranta. Llevándose su tatuaje de luna.

Sobre el suelo reposa la libreta de la bodega. Sus ojos se han llenado de pequeñas gotas de agua. Olga lo sostiene cuando va a caer. La abraza, se abraza de Olga como un niño perdido que encuentra de pronto a su madre en la oscuridad. Se abraza de Olga que no comprende un abrazo como este a las 11 de la mañana de un día cualquiera.

- Vamos a tomarte la presión Alfredo. Debes de tenerla por las nubes.

Fríe un huevo y sale disparado para el agro con la libreta de la bodega en el bolsillo de atrás del pantalón.

- ¡Que presión ni que nada Olga!, yo lo que soy es un viejo.