El destino del hombre
Como raíces apretadas se tejen los destinos
Los hombres respiran debajo de la tierra y se empolvan sus orejas de piedras diminutas
Como un puñado de estrellas diseminadas
una mano inmortal los sorprende habitando cerca de la eternidad con los oídos lacerados por el tiempo
sordo relámpago de arcilla
con los ojos cargados de infinito.
El hombre respira sobre la tierra y su aliento despierta los planetas
es vegetal surgido en fragua de volcanes
como semillas asombradas de humo y de ceniza.
El hombre en los mares distantes
adornando su pecho de algas y sargazos nocturnos
y el eco de una burbuja múltiple de arena envuelve al mundo.
Los hombres pueblan el aire de sonidos
alaridos térmicos, gemidos ancestrales
doctas manías de fascinación aérea
la silueta azul del hombre ángel
del hombre nube y estampida
feliz en el alarde de sus alas.
El hombre nutre el fuego con su rabia
herreros de brazas y carbón
moldean el barro oscuro de la noche iluminada de cocuyos,
de hallazgos, de soles primitivos
hombre diamante del orfebre
tejidos querubines de rubí y llamarada.
Los hombres se abrazan a la vela más alta
el mundo es un barco cargado de sueños milenarios
mecido por huracanes pasionarios y cómplices
la huella del pecado en la cubierta
vivo recuerdo de un pasado marítimo
en la memoria leve del hombre habita la respuesta
a la gran pregunta.
03-01-2004
