sábado, 26 de octubre de 2019

Vox clamantis in deserto

 Vox clamantis in deserto


Te espero en mi ciudad sitiada.

Salgo a esperarte en la vulnerable plaza

donde tu mano me dice adiós aún contra la tarde.


He pintado el rostro de la ciudad con el negro que nacía de tus ojos

Por eso siempre es noche acá.

Por ello un enorme manto de azabache cubre las travesías de mis pies sobre las plazas.


Tus profanos ojos negros:

como dos lámparas presas en fina porcelana.

Tus humanos ojos de criatura febril,

de mariposa extraviada en un mundo extraño

de samaritana a fuerza de golpes de guitarra.


Todavía te espero en mi ciudad sitiada

por soldaditos de lapislázuli 

te espero debajo del cielo empedrado

con el amor más humano que puedo resistir

con el recuerdo de tus ojos negros

que absorben todo el negro de esta ciudad sitiada

que duerme ahora envuelta en la tibia luz de tus ojos de ébano.


02-02-2004


martes, 22 de octubre de 2019

Bajo una pequeña estrella

 "Bajo una pequeña estrella"

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

(Wislawa Szymborska)