jueves, 3 de septiembre de 2009

Grados


Toda flor se marchita y toda juventud
cede a la edad; florecen los peldaños de la vida,
florece todo saber también, toda verdad
a su tiempo, y no puede perdurar eterna.

Debe el corazón a cada llamamiento
estar pronto al adiós y a comenzar de nuevo,
para darse con todo su valor más firme
alegremente a toda forma nueva.

Y en cada comienzo está un hechizo
que nos protege y nos ayuda a vivir.

Debemos ir alegres por la tierra
sin aferramos nunca como a una patria;
el espíritu no quiere encadenarse.

Grado a grado, nos eleva y ensancha.

Apenas se acomoda nuestra vida
y nos confiamos, todo se disuelve;
sólo quien está pronto para irse
puede escapar del hábito que mata.

Nos enviará de nuevo a espacios nuevos,
el llamar de la vida nunca tendrá fin...

Tal vez la hora de la muerte aún.

¡Arriba, corazón, di, pues, tu adiós y sana!

Herman Hesse