- Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.
- Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio o la casa de uno de tus amigos o la tuya propia.
- La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.
- John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions
lunes, 21 de diciembre de 2009
Por quien doblan las campanas
lunes, 7 de diciembre de 2009
... aquel que se da, crece... [José Martí]
"Los hombres necesitan quien les mueva a menudo la compasión en el pecho, y las lágrimas en los ojos, y les haga el supremo bien de sentirse generosos: que por maravillosa compensación de la naturaleza aquel que se da, crece; y el que se repliega en sí, y vive de pequeños goces, y teme partirlos con los demás, y sólo piensa avariciosamente en beneficiar sus apetitos, se va trocando de hombre en soledad, y lleva en el pecho todas las canas del invierno, y llega a ser por dentro, y a parecer por fuera, -insecto."
martes, 10 de noviembre de 2009
Con tantos palos que te dio la vida
y aún sigues dándole a la vida sueños.
Eres un loco que jamás se cansa
de abrir ventanas y sembrar luceros.
Con tantos palos que te dio la noche,
tanta crueldad, frío y tanto miedo.
Eres un loco de mirada triste
que sólo sabe amar con todo el pecho,
fabricar papalotes y poemas y otras patrañas
que se lleva el viento.
Eres un simple hombre alucinado,
entre calles, talleres y recuerdos.
Eres un pobre loco de esperanzas
que siente como nace un mundo nuevo.
Con tantos palos que te dio la vida
y no te cansas de decir ”te quiero”.
Fayad Jamís
viernes, 6 de noviembre de 2009
Invicto
Invictus
Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.
Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.
William Ernest Henley
martes, 3 de noviembre de 2009
De nada sirve...
De nada sirve...
De nada sirve el porquede nada sirve el valor
de nada sirve volver
de nada sirve el adiós
seguro de nada sirve.
Yo me pregunté hasta cuando
te querré como hasta hoy
vos me enseñaste llorando
que de nada sirve el adiós
seguro de nada sirve, mi amor.
Podré caerme a pedazos
pero acá siempre estás vos.
Me gusta lo que no tengo
y quiero lo que no doy
no me comprendo a mí mismo
no se entregarte la vida tampoco vivir sin vos
yo se que de nada sirve, mi amor.
Podré caerme a pedazos
pero acá siempre estás vos.
Mi jardín ya no te espera
porque ya corté la flor
y todo lo que me queda
es cantarte con el alma si te regalé la voz.
Seguro de nada sirve, mi amor.
"Amar sin nadie, vaya cosa triste,
sin nada que abrazar, ni Eva que nos abraze,
amar con alguien, vaya cosa buena".
Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos
y ella se aleja
diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine,
no la puedo alcanzar.
Entonces, ¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve:
para seguir caminando.
Eduardo Galeano
viernes, 9 de octubre de 2009
Canción para Verónica
CANCION PARA VERONICA
Hija mía, mi amor
Qué linda estabas
Cuando fui a despertarte
Esta mañana
Tantas cosas pensé
Y no dije nada
Qué crecida te ví
Mi amor, qué larga
Las palabras ya ves
Jamás alcanzan
Si lo que hay que decir
Desborda el alma
Pero atiéndeme bien, cuando haga falta
A tu lado estaré, por si me llamas,
Pequeña mía, por si me llamas
El país que soñé
Que tú habitaras
Aún nos cuesta dolor
Sudor y lágrimas
Pero existe mi bien
Con tantas ganas
En tus ojos lo ví
Esta mañana
No lo olvides jamás
Pequeña y canta
Es hermoso vivir
Con esperanza
El amor puede más
Que lo que pasa
Eso quise decir, no hallé palabras
Pequeña mía, no hallé palabras
AUTOR: Teresa Parodi
ALBUM: Autobiografía
ALBUM: Autobiografía
Hija mía, mi amor
Qué linda estabas
Cuando fui a despertarte
Esta mañana
Tantas cosas pensé
Y no dije nada
Qué crecida te ví
Mi amor, qué larga
Las palabras ya ves
Jamás alcanzan
Si lo que hay que decir
Desborda el alma
Pero atiéndeme bien, cuando haga falta
A tu lado estaré, por si me llamas,
Pequeña mía, por si me llamas
El país que soñé
Que tú habitaras
Aún nos cuesta dolor
Sudor y lágrimas
Pero existe mi bien
Con tantas ganas
En tus ojos lo ví
Esta mañana
No lo olvides jamás
Pequeña y canta
Es hermoso vivir
Con esperanza
El amor puede más
Que lo que pasa
Eso quise decir, no hallé palabras
Pequeña mía, no hallé palabras
| ==== con acordes para guitarra======== | |
Re
Hija mía, mi amor
Si7 Mi-
Qué linda estabas
La
Cuando fui a despertarte
La7 Re
Esta mañana.
Tantas cosas pensé
Y no dije nada
Qué crecida te vi
Mi amor, qué larga
(ESTRIBILLO)
Re
Las palabras ya ves
Si7 Mi-
Jamás alcanzan
La
Si lo que hay que decir
La7 Re
Desborda el alma.
Re
Pero atiéndeme bien,
Si7 Mi-
cuando haga falta
La
A tu lado estaré,
La7 Re
por si me llamas
Si7 Mi- La7 Re
Pequeña mía, por si me llamas.
El país que soñé
Que tú habitaras
Aún nos cuesta dolor
Sudor y lágrimas
Pero existe, mi bien
Con tantas ganas
En tus ojos lo ví
Esta mañana
(ESTRIBILLO)
No lo olvides jamás
Pequeña y canta
Es hermoso vivir
Con esperanza
El amor puede más
Que lo que pasa
Eso quise decir, no hallé palabras
Pequeña mía, no hallé palabras.
lunes, 5 de octubre de 2009
El Retorno
El Retorno
La luz, vuelve la luz, es el solsticio,
se incuba el primer trueno (primavera).
Retorna la ilusión a su escalera,
y va dejando atrás el precipicio.
Vuelve radiante y luminoso el juicio,
y se abre a la verdad, que es su manera.
El alma en estar límpida se esmera
como en celebración de un natalicio.
La voluntad retoma el paso recio,
después de humillaciones y desprecio,
que cubrieron de sombras tantos años.
Se ha transformado en sabio el joven necio:
ya pagó por ser Dios el alto precio,
y sube, humilde y fuerte, los peldaños.
Osvaldo Navarro (de Horror al vacío)
jueves, 3 de septiembre de 2009
Grados
Toda flor se marchita y toda juventud
cede a la edad; florecen los peldaños de la vida,
florece todo saber también, toda verdad
a su tiempo, y no puede perdurar eterna.
Debe el corazón a cada llamamiento
estar pronto al adiós y a comenzar de nuevo,
para darse con todo su valor más firme
alegremente a toda forma nueva.
Y en cada comienzo está un hechizo
que nos protege y nos ayuda a vivir.
Debemos ir alegres por la tierra
sin aferramos nunca como a una patria;
el espíritu no quiere encadenarse.
Grado a grado, nos eleva y ensancha.
Apenas se acomoda nuestra vida
y nos confiamos, todo se disuelve;
sólo quien está pronto para irse
puede escapar del hábito que mata.
Nos enviará de nuevo a espacios nuevos,
el llamar de la vida nunca tendrá fin...
Tal vez la hora de la muerte aún.
¡Arriba, corazón, di, pues, tu adiós y sana!
Herman Hesse
lunes, 10 de agosto de 2009
Amigo Mayor
Amigo pude ser quien bien repara
en la musa o engendro que yo aporte.
Amigo, sí, es también quien me soporte,
pero amigo mayor es quien me ampara.
No me cures, hermano, de delirio,
de aullido, desmesura o arrebato.
Déjame arder en el amor ingrato
o en la inefable luz de otro martirio.
Pero cuando haga daño, aunque inocente,
corre hacia mi blandiendo el pecho abierto
y descorre las nubes de mi mente
sé amigo manantial en mi desierto;
que yo sabré recompensar tu acierto
con mayor amistad para la gente.
en la musa o engendro que yo aporte.
Amigo, sí, es también quien me soporte,
pero amigo mayor es quien me ampara.
No me cures, hermano, de delirio,
de aullido, desmesura o arrebato.
Déjame arder en el amor ingrato
o en la inefable luz de otro martirio.
Pero cuando haga daño, aunque inocente,
corre hacia mi blandiendo el pecho abierto
y descorre las nubes de mi mente
sé amigo manantial en mi desierto;
que yo sabré recompensar tu acierto
con mayor amistad para la gente.
Silvio Rodríguez (¡Oh, Melancolía!)
viernes, 31 de julio de 2009
Un pedazo de mar y una ventana
Un pedazo de mar y una ventana
Porque siempre hay un libro, una sonrisa, una hoja en el aire, un pedazo de mar y una ventana, que son la recompensa.
La conocí en el campamento Maravilla Roja. Jefa de una brigada. Entusiasta, incansable, y además era la admiración porque no le tenía miedo a las ranas que abundaban en las siembras de berro.
La miraba subir cada día ágilmente a la carreta, y los domingos lavar su ropa bajo el framboyán. Durante el tiempo que estuvimos allí, conversamos diez o doce veces. Me gustó la forma que tenía para decir las cosas. Que si el amor y las palabras arden y se apagan, saltan y se buscan como semillas y cenizas. Algo así decía. Y era como si limpiara las palabras frotándolas contra la vida.
A los hombres nos trasladaron y ella se quedó allí con sus muchachas. Recuerdo que al despedirse dijo : bueno, y me alegro de que existas.
Poco meses después la encontré frente a Coppelia, imprudentemente parada en una esquina, con el cabello turbio y despeinado. Por un momento creí tener una visión. La vi rara (no era sólo la forma de vestir, sino el conjunto). Se puso nerviosa, empezó a hacer movimientos cómicos y torpes. Cargaba con ambas manos un montón de libros. Llevaba un pulóver verde y un pantalón de mezclilla. Sus ojos resaltaban de una manera extraña. Después nos encontramos varias veces. Un día la llamé y vino. Empujó la puerta de este cuarto tristísimo y entró como una canción.
No voy a contar nuestra historia. Ni hablar de su voz, su mirada, la sorprendente luminosidad de su presencia. Era fea, pero vibraba como un instrumento vivo, y aplastaba la tristeza con caricias: ahuyentar, arrancar la tristeza porque es árbol estéril y frondoso y decía, me besaba. Y el amor es flor rara, delicada, cuesta trabajo que abra, dura poco, se deshoja enseguida. Las otras son resistentes, nacen donde quieren, crecen solas, no requieren cuidados. Y ponía en mi boca sus besos. Y la luz, la mañana, el sueño y la verdad echaban a andar al mismo tiempo.
Cuando llegaba, este pequeño cuarto se poblaba de latidos (ella decía que de pájaros y flores), pero lo cierto es que ponía el aire en su lugar entre murmullos. Se quitaba la ropa como si regalara sus vestidos al viento. Cómo olvidar la alegría de su cuerpo, la flexibilidad de su cintura, sus pechos, sus jugos y sabores.
Era una inventasueños y verdades. Descalza besaba el piso, los azulejos rotos del pasillo.Sentía cariño por las latas oxidadas donde crecían los geranios, las paredes descascaradas, el ruido de la enredadera contra el cinc, el pedazo de mar en la ventana. Hablaba de gorriones y disparos, de incendiar la triteza. Iba de un lado a otro arreglando cacharros, su cuerpo cantaba y sus canciones subían por la paredes. Le gustaba el olor al ajo y hierbabuena. Hacía chirriar los platos y los vasos. Conseguía hacerlo todo sin esfuerzo, como si sus manos dominaran sobre las necesidades cotidianas. No hacía preguntas. Se contestaba sin ellas y, a veces,hacía del silencio su voz.
Cómo olvidar su cabeza inclinada, la caída de su cabellera sobre el hombro.Ese algo que tenía que no se puede explicar, que no se podrá jamás describir ni decir porque sería como tratar de mostrar el corazón de la lluvia.
En su mirada la mañana aparecía espontáneamente como el agua. Agua de compañía al despertar. En su cuerpo el tiempo era diminuto, menudo, frágil. Decía: el amor son dos cuerpos amarrados con una soga loca, un martirioplacer fugaz, intenso, fulminante. Manejar el amor es manejar el fuego, decirle que no arda. Esto del amor es un problema, te dan demasiado o no te dan ninguno, y todo el mundo se lleva su golpe; y además es invisible y nace y muere y no somos ni eternos ni puros. Y aplastaba con sus labios mis protestas. Entonces hablaba sobre la opresión familiar, la icomprensión de los padres, la aurora de una nueva época, la lucha por hacerla. Y había algo en ella que siempre había estado conmigo.
Hay que olvidar las cosas débiles, las frágiles, los pensamientos melancólicos. La vida es una música severa. Y yo la contemplaba hablándome, desnuda, sentada en la cama, con la cabeza apoyada sobre sus rodillas y las manos cruzadas sobre sus piernas encogidas.
Nunca estuve seguro de si volvería al día siguiente, al cabo de un mes o una semana. Le molestaba estancarse en las cosas. A veces pasaba semanas sin venir. Iba al amor grande a todo no al chiquito de nosotros; marchaba al campo a hacer la vida con las manos, a acariciar la tierra, los frutos y las hojas.
Regresaba ágil e inquietante. Las mejillas ardiendo, el pelo lacio veteado por el sol y la alegría chispéandole en los ojos. Cansada de buen cansancio, traía besos silvestres y una sonrisa amplia y temblorosa. Decía que el trabajo es la más hermosa alegría de la vida. Y la luz, la mañana, el sueño y la verdad echaban a andar al mismo tiempo.
Pero un día no amanecí más en su mirada, perdí la gravedad de su carne entusiasta, la saliva sabia de sus besos, las uñas de sus manos busconas, el esplenderoso olor de su pelo. Dejó un hueco repleto de recuerdos, lecciones y silencios. ¿Con cuál ropa se fue? No sé. Algo se quebró, se evaporó, se hizo sombra y luz al mismo tiempo.
Aquí sobrevive a su presencia en lo que eligió para ser recordada. En este cuarto quedó de ella un ligero olor, una voz en el viento, unas canciones cantando en las paredes, un aire, el ruido de la enredadera contra el cinc, una hoja olvidada, la luz entrando por la ventana y el chirrido de un vaso limpiando la tristeza.
¿Me enseñó a ser distinto?. No sé. Pero si la ven denle las gracias, porque me dejó la recompensa: un libro, una sonrisa, cuatro paredes llenas de canciones, un pedazo de mar y una ventana.
Manuel Cofiño
lunes, 27 de julio de 2009
No me quites las canas
No me quites las canas
Que son mi nobleza:
Cada cana es la huella de un rayo
Que pasó, sin doblar mi cabeza.
Dame un beso en las canas, mi niña:
¡Que son mi nobleza!
Que son mi nobleza:
Cada cana es la huella de un rayo
Que pasó, sin doblar mi cabeza.
Dame un beso en las canas, mi niña:
¡Que son mi nobleza!
José Martí
martes, 23 de junio de 2009
Me desordeno, amor, me desordeno
Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada,
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.
Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.
Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;
y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.
domingo, 17 de mayo de 2009
Elegía [Miguel Hernández]
Elegía
En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con
quien tanto quería.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Miguel Hernández.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Como la lluvia en febrero
Hay una loma en mi alma
para tender tu cansancio,
y una lámpara que espera
a que le alumbre tu mano.
Acuérdate que te espero
en algún sitio cualquiera;
como la lluvia en febrero,
puedes venir cuando quieras.
Para ceñirte a mi vida
sólo esperanza te pido;
ni forma o tiempo precisas,
tan sólo un poco de olvido.
Haz de tus sombras y fríos
un equipaje ligero;
desátalos en mi pecho,
que yo con ellos te quiero.
Quizás yo calme tu herida,
tal vez tú cures la mía.
Aunque la noche sea larga,
siempre amanece la vida.
Guardo una lágrima intacta
y una sonrisa dormida
para volcar mi alegría
por si vinieres un día.
En algún sitio cualquiera,
acuérdate que te espero.
Puedes venir, cuando quieras,
como la lluvia en febrero.
Mario Casartelli
para tender tu cansancio,
y una lámpara que espera
a que le alumbre tu mano.
Acuérdate que te espero
en algún sitio cualquiera;
como la lluvia en febrero,
puedes venir cuando quieras.
Para ceñirte a mi vida
sólo esperanza te pido;
ni forma o tiempo precisas,
tan sólo un poco de olvido.
Haz de tus sombras y fríos
un equipaje ligero;
desátalos en mi pecho,
que yo con ellos te quiero.
Quizás yo calme tu herida,
tal vez tú cures la mía.
Aunque la noche sea larga,
siempre amanece la vida.
Guardo una lágrima intacta
y una sonrisa dormida
para volcar mi alegría
por si vinieres un día.
En algún sitio cualquiera,
acuérdate que te espero.
Puedes venir, cuando quieras,
como la lluvia en febrero.
Mario Casartelli
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