DONDE SE TORTURA A LA MUERTE
Seré jardinera: sembraré flores en el tiempo.
La rabia es tierra fértil, abono sagrado.
Que me dejen sola con este vino agrio.
Yo sabré si beberlo o embriagarme.
Que le importa si sufro o me aniquilo
a esa momia de ojos de vidrio
que camina aplastando hormigas.
Me voy a tragar el sol
y le lanzaré un escupitajo luminoso.
Le voy a clavar un crisantemo en el ombligo,
un girasol en la punta de la lengua.
No resistirá las golondrinas
picoteando su tierra de cementerio.
Le enterraré una flauta en el corazón.
La obligaré a cantar algo de Mozart.
Pronunciaré palabras poderosas:
diré amor; por ejemplo.
Le mostraré su imagen huesuda en el espejo de una clara mañana de abril.
Le haré caminar sobre violetas,
dormir sobre un ala de sinsonte,
vestirse de enfermera o de nodriza.
Muerte: te lo advierto.
Cuídate el talón porque puedo golpearte con un arco iris azul.
Cenarás pedazos de luna nueva
y puñales de azúcar y chocolate.
Haré diana con un dardo de nenúfares
en tu helado corazón de escorpión milenario.
Pasarás las vacaciones de verano en una sala de maternidad.
Puede ser que un rayo de sol
quiera alumbrarte. No sé.
Puede que la vida te regale una gardenia.
Es posible, no sé, que el viento arroje abanicos de flores
sobre tus pies y te los bese riendo.
Te digo que no sé. Puede ocurrirte cualquier cosa.
Puedes morir incluso. No sé.
Cuídate. No vaya a ser que te confundan con la noche
y te vistan de bombillas y arbolitos de navidad.
05-05-2004
