...hubo una época en que los hombres y las mujeres se apareaban en
público y compartían sus sueños en alta voz. Las armas, como las ropas, eran
objetos inútiles y nadie, ni los animales, ni los humanos, mataban para comer.
Las almas eran tan livianas que bastaba, igual que hacen ahora las plantas, con
ponerse bajo el sol para robustecer sus células y nutrir la sangre. El mundo
estaba gordo de mansedumbre y Dios era un fulano innecesario.
Pero
pasó, cierto lunes por la tarde, que un camaleón mordió las alas de una
mariposa y la rapiñería entró al mundo, así no más, por error. En adelante todo
fue un desastre: tigres y ciervos, ballenas y peces, ángeles y demonios, aves y
lombrices, hombres y mujeres, conejos y tortugas, todos sucumbieron a la
tentación de alimentarse, la mayoría, de la carne del prójimo. Hasta la luna,
que entonces brillaba con luz propia, extravió su lumbre y comenzó a robar de
contrabando la fluorescencia del sol.
Por
esa época en que el mundo perdió docilidad aparecieron los Mesías, primeros
saltimbanquis de los que se tuvo noticias y terminaron de dividir a los
hombres, los animales y las plantas [...]. el resultado más pernicioso de la
desmejorada creación fueron los políticos, seres omnívoros que eclosionaron en
los charcos que el amor produjo cuando se desangró. Después de eso fue que Dios
se hizo célebre y el mundo no fue más el paraíso.
LA
ISLA DE MORGAN
Babbione,
el payaso.
